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lunes, 9 de abril de 2018


Además de por Los Dólmenes de Antequera, Patrimonio Mundial, Antequera ha sido siempre conocida por una expresión: "Salga el sol por Antequera". Su sentido es expresar incertidumbre ante alguna acción, pero con la determinación de llevarla a cabo pese a todo ¿De dónde procede esta expresión? Hay que irse a tiempos de la Reconquista y hay dos versiones:

El Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos recoge que el dicho se origina en una leyenda según la cual, estando el Infante don Fernando, aspirante al trono de Aragón y regente de Castilla, y posterior conquistador de la ciudad en 1410, indeciso en relación al próximo lugar que tenía que atacar, se le apareció una joven con unos leones (Santa Eufemia) que le dijo: “Salga el Sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”.


Según José María Iribarren en El porqué de los dichos (1996), proviene de la frase "Salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera", exclamada con carácter irónico en el campamento de los Reyes Católicos en las proximidades de Granada dado que Antequera está situada a poniente de esta ciudad andaluza.

También hay una tercera hipótesis, según la cual el origen de la frase está en la corte granadina, concretamente en un discurso de El Zagal, que pidió coraje a sus soldados y que lucharan a la desesperada.

La fotografía corresponde a la Fuente del Toro en la parte alta de la ciudad, junto al mirador de Las Almenillas, donde se puede leer la expresión.

martes, 20 de febrero de 2018

dolmenes-antequera-pena-enamorados

Los territorios y su historia están marcados en gran medida en torno a las leyendas que giran en torno a ellos y Antequera no es una excepción en cuanto a leyendas de amor. La montaña conocida como la Peña de los Enamorados está muy cercana a Los Dólmenes de Antequera y, en concreto, el dolmen de Menga está orientado hacia ella. Su presencia rompiendo el paisaje de la Vega de Antequera supone que se le diese gran simbolismo desde tiempos remotos, sin olvidar la forma de la roca, con forma de perfil humano mirando al cielo. Este gigante tumbado sobre la llanura guarda una leyenda que ha pasado a formar parte de la tradición de la zona, la historia del amor imposible entre Tello, un joven cristiano, y Tazgona, una princesa árabe.



La Leyenda de Antequera más extendida

Contemos la Leyenda de la Peña de los Enamorados en su versión más conocida. Hay que remontarse al siglo XV cuando Antequera tras su toma en 1410 era ciudad fronteriza entre los reinos de Castilla y Granada. El joven cristiano cayó preso en manos de los musulmanes y la hija del mandatario de la ciudad musulmana de Arxiduna se encuentra por casualidad con el prisionero y los dos jóvenes se enamoran perdidamente. Tazgona ayuda a Tello a escapar del calabozo y los dos se dan a la fuga juntos prometiéndose amor eterno. 

Ambos son perseguidos por las tropas del rey de Granada y encuentran refugio en la cima de la peña entre Archidona y Antequera. Ante el asedio de sus perseguidores y viendo imposible poder escapar deciden arrojarse juntos por el precipicio y alcanzar juntos la eternidad.



La importancia de la historia de la Peña de los Enamorados

La historia de la Peña de los Enamorados ha sido foco de atención para escritores y artistas tanto andaluces como extranjeros hasta nuestros días, engrandeciendo el magnetismo de la Peña de los Enamorados al que ya prestaron atención los hombres de los Dólmenes de Antequera.

Las leyendas de Antequera están marcadas por esta historia, pero esta ciudad tiene tanta historia que oculta cuentos e historias en cada uno de sus rincones del casco histórico, así como entre sus numerosos legajos documentales guardados en su archivo histórico, uno de los más importantes de Andalucía.

En el año 2006, un libro escrito por Eugenia Acedo presentó diferentes leyendas de la ciudad de Antequera, entre ellas la Leyenda de la Peña de los Enamorados con las distintas versiones que ofrecieron historiadores en el siglo XVII. También se recoge otras historias como la elección de la patrona Santa Eufemia.


Un texto de Javier Lara


martes, 21 de noviembre de 2017


Hubo un tiempo en el que Antequera estuvo entre las diez ciudades más importantes de España. Fue en el tránsito entre los siglos XVI y XVII cuando la ciudad del Torcal sobrepasaba ampliamente los 20.000 habitantes (la  novena de España por población) siendo además un importante foco cultural con escultores y escritores de renombre. Según el poeta y filólogo de la Generación del 27, Dámaso Alonso, Antequera fue en el siglo XVII la ciudad con más poetas en relación a su población, fue el tiempo de la Cátedra de Gramática de la Real Colegiata de Santa María y de la Escuela Antequerano-Granadina, un grupo poético que precedió a los grandes poetas del Siglo de Oro español.

En torno a la Cátedra de Gramática (una especie de bachillerato con gran presencia de enseñanzas clásicas) se juntó en Antequera un importante grupo poético donde destacaron escritores como Pedro Espinosa, Cristobalina Fernández de Alarcón, Luís Martín de la Plaza o Agustín de Tejada. También pertenecieron a la escuela antequerano-granadina Hernando de Acuña, Diego Hurtado de Mendoza, Jorge de Montemayor, Juan Latino,  Luis Barahona de Soto, Pedro de Padilla y Gaspar de Baeza.

La poeta Cristobalina Fernández de Alarcón está considerada una de las mejores escritoras españolas de todas las épocas, aunque no es muy amplia la obra que se conserva de ella.



Si bien hubo cátedras similares en otras ciudades, solo en Antequera se produjo un fenómeno literario de este calibre, mérito que se atribuye al preceptor de la cátedra, Juan de Vilches. Las fuentes clásicas primaron la producción del grupo poético antequerano, fundamentalmente Horacio y Virgilio. La actividad literaria que tuvo Antequera se demuestra además con la presencia de una fuerte tradición de la imprenta en la ciudad.


Pedro Espinosa

Siempre que se habla de esta escuela, se destaca como máximo representante a Pedro Espinosa. El autor antequerano recopiló los mejores frutos poéticos de los antequerano-granadinos, de la escuela sevillana e incluso otros autores de la corte como Lope de Vega, ya que viajó a Valladolid. Allí, y como resultado de todas sus recopilaciones, publicó en 1605 la obra Flores de poetas Ilustres, un compendio de la poesía de los mejores autores del momento, que no obstante, no triunfó en la época, pero que ha hecho que muchos de aquellos poemas de los autores antequeranos se conserven hoy en día.

Dicen que el escaso éxito del libro y el rechazo que sufrió por parte de Cristobalina Fernández de Alarcón, hicieron que Pedro Espinosa se ordenase como fraile, siendo ermitaño de la Iglesia de La Magdalena a las afueras de Antequera y posteriormente de la ermita de la Virgen de Gracia en Archidona. Cambió su vida y cambió totalmente la temática de su obra hacia temas religiosos.

Con motivo del quinto centenario de la publicación de la antología de Espinosa, un congreso en la propia Real Colegiata de Santa María La Mayor conmemoró aquel esplendor de la poesía antequerana. Hoy, una estatua que representa a Espinosa preside la plaza bautizada como de Los Escribanos en la parte alta de la ciudad, a pies de la Colegiata.

El otro gran poeta de la historia de Antequera junto a Pedro Espinosa ha sido José Antonio Muñoz Rojas, ya en el siglo XX, escritor de la Generación del 36 que fue premiado con el Premio Nacional de Poesía en 1998 por el libro Objetos perdidos y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2002 por el conjunto de su obra donde destacan libros como Cantos a Rosa o Las cosas del campo.